El Lado Bueno de las Cosas (Lentejibiris 70/100)

Desde Los Juegos del Hambre (The Hunger Games, Gary Ross. 2012) y la oportuna recomendación de mi cinéfilo colega MysteriosX-Men Primera Generación (X-Men: First Class, Matthew Vaughn, 2011), no he podido sino quedar prendado y seguir el trabajo de quien, en mi opinión, representa lo mejor de la primera y de lo más destacable de la segunda en cuanto al elenco se refiere y esa no es otra sino Jennifer Lawrence. Y aunque tengo en espera su otro tercer film importante (Winter’s Bone (Debra Granik, 2010)) no me quedaba otra que acudir a visionar su nuevo trabajo, (con nominación (y galardón!!) al Óscar incluida…) a pesar de la pinta que tenia…
“Solo espero que no sea un pastel” interpelé a mis acompañantes mientras me sentaba en mi butaca…
Lo cierto es que toda la publi y toda la promo apuntaban al irremediable y empalagoso pastel taquillero que tan poco me gusta, pero la historia parecía tener capacidad de ir más allá y…¡qué demonios! Jennifer Lawrence y Robert de Niro…; ¡merecía la pena intentarlo!

Y el resultado no pudo ser mejor.

Si, la peli pastelea, no se puede negar, pero en su justa medida, lo que la historia exige. El resto del metraje es una vorágine de emociones pensamientos, ideas y luchas internas (y externas) que nos atrapa y difícilmente podremos no veremos identificados por alguna de las locuras de los múltiples personajes.

El eje de la peli es Pat, el personaje de Bradley Cooper, que está enorme, demostrando, sin perder la comicidad y chispa de los dos Resacones (Resacón en Las Vegas (The Hangover, Todd Philips, 2009) y Resacón II: ¡Ahora en Tailandia! (The Hangover Part II, Todd Philips, 2011)) que es un gran actor, y que no solo vale para la comedia y el blockbuster, como hasta ahora parecía.

La química entre Cooper y Lawrence es el principal motor del film. Todo gira en torno a, primero Cooper, y poco más tarde, al duo.

Pero el trabajo de ambos protagonistas no sería nada sin los geniales actores de reparto que les rodean, donde Paul Herman y Robert de Niro, así como un oportuno Chris Tucker, se salen en cada intervención, llevando sus obsesiones y dependencias hasta este lado de la pantalla y haciéndonos sufrir con ellas, sin perder la sonrisa.

De hecho lo más grande de la peli es cómo nos hace partícipes de todas y cada una de las demencias de que cada personaje hace gala, llegando a identificarnos con ellos de una forma muy real, mostrando el drama dentro de la comedia y viceversa.

Igual que en la vida, no se pueden disociar los buenos de los malos momentos con un punto de inflexión que los separe, sino que están unidos entre si, (más o menos fuertemente) por el devenir de las situaciones que rara vez podemos (o queremos) controlar.

Todo esto, a un ritmo vertiginoso, donde no hay lugar para la pausa, ni espacio suficiente para la duda, obligándote a tomar parte de los múltiples (sin)sentidos planteados en el film.

Un par de horas llenas de optimismo y vitalidad, que nos hacen disfrutar tanto a los que quieren un simple pastel como los que buscamos algo más, haciéndonos pasar un buen rato, sin perder la sonrisa y dándonos qué pensar, sobre nosotros y el entorno en el que nos movemos.

Porque no nos engañemos, todos estamos un poco locos…

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LO MEJOR
Lawrence y Cooper

LO PEOR
El innecesario halo de comedia romántica en que quisieron (y en parte consiguieron) convertirla

NOTA
70/100 70